En Chocó, fortalecer la salud materna exige llegar a tiempo. La visita a Quibdó reafirmó que la prevención solo cobra sentido pleno cuando se construye cerca de las comunidades.
En Chocó, hablar de salud materna no es hablar de certezas, sino de esperanza. Es pensar en cada mujer que inicia su embarazo con ilusiones, pero también con preguntas, temores y necesidades de cuidado. Es comprender, en el mundo real, que llegar a tiempo puede marcar la diferencia entre un embarazo más seguro y un desenlace lamentable. Se trata de un departamento colombiano que sigue enfrentando importantes desafíos en salud materna. El Instituto Nacional de Salud reportó que, en 2024, Chocó presentó la mayor razón de mortalidad materna del país: más de cinco veces el promedio nacional.
En ese contexto, la diabetes gestacional, los trastornos hipertensivos del embarazo y la obesidad en la gestación dejan de ser términos técnicos para convertirse en realidades que merecen una atención cercana, oportuna y humana. Detectarlos a tiempo puede ayudar a prevenir complicaciones y desenlaces críticos, incluso fatales.
Quibdó nos lo recordó con una claridad que acaso ningún informe podría igualar. Entre hospitales, escuelas y encuentros con la comunidad, se hizo visible una verdad sencilla: la prevención solo adquiere su sentido pleno cuando acontece cerca de la gente. La visita realizada junto a Line Bechmann, delegada de la World Diabetes Foundation, y representantes de la Fundación Vida Nueva, no fue apenas un acto institucional. Fue, más bien, la confirmación de que existen capacidades vivas en el territorio, experiencias que merecen ser reconocidas y voluntades locales dispuestas a construir una atención en salud más humana, más próxima y más fiel a la realidad cotidiana de las comunidades.
En un departamento que todavía enfrenta hondos desafíos en salud materna, esa cercanía no puede entenderse como un lujo ni como un gesto accesorio. Es una necesidad incontestable. Allí donde las brechas son más severas, cada acción de cuidado oportuno pesa más; cada orientación dada a tiempo, cada control prenatal fortalecido, cada servicio que escucha y acompaña, puede alterar de manera profunda el curso de una historia. La prevención, entendida de este modo, no empieza con la enfermedad, sino mucho antes: cuando una mujer recibe información clara, cuando una comunidad reconoce un riesgo, cuando el sistema de salud logra llegar antes que la complicación.
Esa visión se concreta en la labor que realizamos como facilitadores de los sistemas locales para una atención integral de los trastornos metabólicos del embarazo; en la consolidación de un modelo de gobernanza intersectorial; en la disponibilidad, para clínicos y maestros, de la mejor evidencia científica; en el respeto cultural; en el fortalecimiento de capacidades del talento humano; en el mejoramiento de los sistemas de información; en la dotación y el apoyo técnico; y en la promoción de entornos escolares saludables. Todo ello orientado a facilitar el acceso y a devolverle a la salud su dimensión más elemental y más justa: la de un cuidado que no espera pasivamente al enfermo, sino que sale a buscar la vida allí donde transcurre. En Chocó, donde la geografía y las desigualdades suelen imponer demoras y distancias, esa lógica preventiva resulta no solo pertinente, sino indispensable.
La buena noticia es que este esfuerzo no nace de la improvisación ni de un entusiasmo reciente. La alianza entre la Fundación Vida Nueva y la World Diabetes Foundation ha venido construyendo, en Colombia, una experiencia concreta en prevención de la diabetes gestacional y fortalecimiento de la salud materno-infantil. En una fase previa, se fortalecieron centros de salud, se capacitó a profesionales sanitarios y agentes comunitarios, y se tamizó a miles de mujeres embarazadas, haciendo posible la detección y el vínculo oportuno a la atención. Esa experiencia no solo produjo resultados; también contribuyó a consolidar un modo de entender la prevención como una tarea sistemática, territorial y profundamente humana.
Hoy, ese camino prosigue con una escala mayor en el proyecto Vida Nueva: Generaciones Saludables para Colombia, que se desarrolla en diez departamentos del país. Sus metas —la ampliación del tamizaje, la formación de profesionales y agentes comunitarios, el fortalecimiento de escuelas y la protección de miles de niños— no deben leerse como cifras aisladas, sino como la expresión concreta de una voluntad: la de convertir la prevención en una práctica real, capaz de llegar a los territorios, de formar capacidades locales y de arraigarse en la vida diaria de las comunidades.
Agradecemos a la E.S.E. Hospital Ismael Roldán, a la E.S.E. Hospital San Francisco de Asís, a las instituciones educativas, a la comunidad de Quibdó y a todos los actores que hicieron posible este encuentro. Agradecer, en este caso, es también reconocer una evidencia moral: ninguna transformación verdadera ocurre sin la inteligencia y la participación de quienes habitan el territorio. Escuchar, reconocer capacidades y construir de manera conjunta no son fórmulas de cortesía; son la condición misma de cualquier política de salud que aspire a perdurar.
Una verdad que el país no debería seguir postergando: en salud materno-infantil, actuar temprano no solo evita complicaciones inmediatas, sino que protege el futuro de miles de familias.
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